en la cara de una nube anciana
que espía las manchas juguetonas
maullando sobre los techos.
¡Cómo miras, atravesando la compuerta!
La curiosidad de tu brillo
con el viento revolotea
y en tu rostro imperfecto
las viejas aguas
se alborotan y reflejan.
En todos tus ciclos
has sido elogiada
guardando secretos profundos
cuando en silencio
la noche no puede estar.
Cura los temblores del cuerpo
cuando éste abandonemos;
y en tus hoyos déjanos dormir
pues no hay mejor descanso eterno.
-John G.P

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