La luna como un queso
tejido libre de crueldad
atestiguaba los mares de magma
que en las venas se agitaban.
Somos Gaia en una de sus formas
cuando todos los vacíos se juntan,
elevándose hasta colapsar.
El contacto de los cuerpos
evoca sabor a flama;
el alma se nos derrite.
Cuanto nos toca, ebulliciona.
Desnudas hacemos llover.